Amarillo

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Es histórico. O antiguo, como prefieran. Un vino dulce que se hace en Hungría desde 1630. Casi nada. Desde 1993, la bodega española Vega Sicilia es la dueña de este tesoro.

Voltaire también lo probó y  dijo: “este vino vigoriza cada fibra de mi cerebro, y produce en lo más profundo de mi alma un destello encantador de inteligencia y buen humor”.

A mí me pareció extraordinario. Dulce y ácido a la vez. Casi nada.

Pero no me atreví a tanto como el zar Pedro el Grande de Rusia, quien mandó a las legiones de cosacos que vigilaran las bodegas de Tokaj -la fértil región húngara donde se empezó a producir este tipo de vinos de “podredumbre noble” – y los caminos por los que se transportaba este vino hasta San Petersburgo para que fuera servido a la mesa de Catalina la Grande.

Ni soy zar ni tengo Catalina ni mucho menos cosacos a los pies de mis deseos.

El Tokaji Aszú Oremus es un vino histórico. El vino dulce más noble del mundo, dicen. Y el vino de reyes, según Luis XIV. Pero lo realmente fascinante es su proceso. Sólo se hace con uvas blancas y un hongo misterioso y noble es su verdadero rey. Entra por el hollejo de la uva sin romperlo, absorbe el aire a los pocos días y deseca la uva, se concentra el azucar  y lentamente se generan sabores reposados mientras por fuera se pudre. Hay que esperar mucho para que la botryris complete su labor y lo hace a un ritmo diferente en cada grano. La vendimia es uva por uva.

El Tokaji Aszú Oremus cosecha de 1999 tiene un precio de menú de chef de moda “estrellado”.

Yo estuve encantada con la botella de la añada 2000.

Y los limones que paraban por ahí también sonreían.

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